La nueva normalidad me da jaqueca
- Lucía P. Álvarez

- 29 abr 2020
- 3 min de lectura
El presidente del gobierno salió ayer a las seis de la tarde a hablar con los españoles que todavía seguíamos con el pijama puesto, lo que viene siendo una estampa perfecta de lo que han sido estas seis semanas de restrictiva cuarentena. Pero a diferencia de otras ocasiones, la comparecencia de Pedro Sánchez era realmente importante: iba a anunciar el “plan de desescalada para la transición hacia una nueva normalidad”. El propio titular ya anunciaba que el plan iba a ser difícil de entender, pero si hace dos meses nos dicen que estaríamos familiarizados con estos términos nos echaríamos a reír.
Parece que empezamos a ver la luz al final del camino después de semanas con cifras espantosas de fallecidos y contagiados y podremos salir a la calle con restricciones. Conecté con el canal 24 horas con todos mis sentidos puestos en las palabras del presidente, esperando conocer la fecha en la que pudiese ver a mis amigos o irme a Galicia. Pero Pedro Sánchez empezó a hablar de fases, semanas, provincias, ministerios, expertos epidemiológicos competentes etc. y en mi cabeza apareció un mono tocando los platillos. Perdí el hilo y me aparecieron más dudas que al principio.
El presidente dijo que, si todo va bien, habrá tres fases de 15 días cada una. O sea, que semana arriba semana abajo a finales de junio entraríamos en lo que el gobierno denomina “nueva normalidad”. Qué concepto más curioso. ¿Qué es lo normal y qué es lo nuevo? Normal es un adjetivo confuso y distinto para cada uno. Mi normalidad precoronavirus consistía en vender tickets a unas dos mil personas distintas al día, de diferentes nacionalidades, luego tomar unas cañas y tapas con amigos en algún bar de la calle Huertas y luego ya lo que surgiese. Todo apunta a que mi nueva normalidad va a consistir en ir andando al trabajo para no coger el autobús, vender entradas a treinta personas, hacer cola para ir a una terraza guardando dos metros de seguridad con la gente y pagando ¿diez? euros por una Mahou. Todo eso con mascarilla y con 30 grados a la sombra. Mmm, no sé, nunca mi vida había parecido tan complicada. Sin embargo, mi nueva normalidad en Galicia podría ser la antigua normalidad, es decir, por la mañana estudiar un poco y salir a dar un paseo con mi perra por la playa y por la tarde sentarme en alguna terraza libre (que por espacio y logística habrá) tomando algo con mis amigas. La diferencia de calidad de vida es abismal.
Entre otras medidas dudosas, como que vamos a poder ir a la peluquería, a misa o a tomar vermú antes que visitar a nuestra madre, Pedro Sánchez dijo literalmente que “en esta fase no podremos ir a comernos una paella a un restaurante, pero sí encargar una paella para recogerla y comerla en familia”. Me encanta que la paella y el vermú sean los elementos normalizadores de nuestro presidente, esos elementos comunes y transversales que nos definen como españoles en una época de nueva normalidad en nuestra historia. “Entiendo el ansia por ver a amigos, familia y continuar con los planes que se han estancado”, dijo Pedro dando esperanzas. “Pero todavía no es el momento de eso. Es el momento de iniciar el camino a eso”. Madre mía, pero si yo solo puse la comparecencia para saber una fecha.
Teniendo claro lo de las fases después de la rueda de prensa, os hago un pequeño resumen. Viviendo en Madrid, todo apunta a que empezaré a trabajar antes de poder visitar a mis padres a Pontevedra, una provincia que estará en la fase 3 mientras yo estaré en la fase 2. Ya me entendéis, que la desescalada de alivio de confinamiento hacia la nueva normalidad será más paulatina en la provincia en la que resido, que no es la misma que en la que tengo mi casa y, por lo tanto, mi cuarentena será más restrictiva que la de mis padres. Porque el riesgo de infección del patógeno es mayor aquí que allí. Es decir, que mis padres podrán comer paella en un restaurante que abra con el 30% de su aforo antes que yo en las calles del Rastro. Y como solo están permitidos los desplazamientos intraprovinciales, todavía no se sabe cuándo vamos a poder hacerlo juntos.
Ya lo véis, el plan parece muy fácil y sencillo.




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